2. Análisis y profundización

Metro de Madrid

Todos conocemos el protocolo de uso básico y las herramientas de ayuda disponibles en el Metro de Madrid: Adquisición de un billete y uso de un mapa, detallado éste con las distintas estaciones y líneas que conforman la estructura en forma de red del servicio, y que dan cobertura a las dimensiones de la ciudad casi en su totalidad; el paso inmediato siguiente consiste en encontrar nuestra situación inicial como punto de origen, y elegir una ruta mas o menos convincente pasando por distintos puntos o estaciones hasta el destino solicitado.

Conociendo obviamente las razones por las cuales una persona accede a usar el Servicio (llegar a un destino correctamente) y los mecanismos para hacerlo, el motivo que nos hace pensar en lo necesario de la concepción de algún tipo de ayuda al respecto deriva de nuestras propias experiencias…

¿En cuántas ocasiones nos hemos perdido en el metro? ¿Cuántas veces hemos perdido hasta visión ante las dimensiones de la estructura sin encontrar el destino, o incluso desde donde partimos? ¿No se ha visto en alguna ocasión tomando una ruta desde su origen a su destino mucho más larga que la que le han recomendado o se ha percatado a posteriori? ¿Figuraba en el tríptico del mapa físico obtenido en alguna de las ventillas de compra que alguna de las estaciones por las que pretende hacer transbordo hacía su destino esté fuera de servicio? ¿Si lo hubiera conocido antes, no hubiera elegido otra forma en la que realizar su viaje? Todas estas preguntas tienen un común denominador: el tiempo, vital para los que lo valoran, objeto de las iras si se desprecia y se malgasta como en estos casos, y que define en resumidas cuentas en el consorcio del transporte la eficiencia, la calidad y el compromiso con el viajero.

En otro orden de cosas, y con el fin de ampliar las funcionalidades de nuestro proyecto y dotarle de una complejidad y un uso mucho mayor y variado, entramos a razonar una inquietud que subyace de la escasa integración entre el Metro como medio de desplazamiento fundamental en la capital y el rico patrimonio artístico y cultural del mismo: la no existencia de un dossier de información relativa de lo que podamos encontrarnos nada más salir de la boca de metro de cada una de las estaciones que conforman el medio de movilidad favorita entre los residentes y turistas por la ciudad.

El saber que parada se encuentra más cercana al Parque del Retiro (porque allí quedamos con un familiar para charlar, pero en el momento del viaje, ya en el subterráneo, no lo situamos en el plano) o qué podríamos encontrarnos de reconocimiento si bajáramos en la parada de “El Carmen”, por poner un par de ejemplos, podría aumentar y mejorar considerablemente el flujo de personas que usan el Servicio y lo hacen de manera satisfactoria, así como estimular su utilización por los turistas, principal sector de usuarios en fechas estivales.

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Todos conocemos el protocolo de uso básico y las herramientas de ayuda disponibles en el Metro de Madrid: Adquisición de un billete y uso de un mapa, detallado éste con las distintas estaciones y líneas que conforman la estructura en forma de red del servicio, y que dan cobertura a las dimensiones de la ciudad casi en su totalidad; el paso inmediato siguiente consiste en encontrar nuestra situación inicial como punto de origen, y elegir una ruta mas o menos convincente pasando por distintos puntos o estaciones hasta el destino solicitado.

Conociendo obviamente las razones por las cuales una persona accede a usar el Servicio (llegar a un destino correctamente) y los mecanismos para hacerlo, el motivo que nos hace pensar en lo necesario de la concepción de algún tipo de ayuda al respecto deriva de nuestras propias experiencias…

¿En cuántas ocasiones nos hemos perdido en el metro? ¿Cuántas veces hemos perdido hasta visión ante las dimensiones de la estructura sin encontrar el destino, o incluso desde donde partimos? ¿No se ha visto en alguna ocasión tomando una ruta desde su origen a su destino mucho más larga que la que le han recomendado o se ha percatado a posteriori? ¿Figuraba en el tríptico del mapa físico obtenido en alguna de las ventillas de compra que alguna de las estaciones por las que pretende hacer transbordo hacía su destino esté fuera de servicio? ¿Si lo hubiera conocido antes, no hubiera elegido otra forma en la que realizar su viaje? Todas estas preguntas tienen un común denominador: el tiempo, vital para los que lo valoran, objeto de las iras si se desprecia y se malgasta como en estos casos, y que define en resumidas cuentas en el consorcio del transporte la eficiencia, la calidad y el compromiso con el viajero.

En otro orden de cosas, y con el fin de ampliar las funcionalidades de nuestro proyecto y dotarle de una complejidad y un uso mucho mayor y variado, entramos a razonar una inquietud que subyace de la escasa integración entre el Metro como medio de desplazamiento fundamental en la capital y el rico patrimonio artístico y cultural del mismo: la no existencia de un dossier de información relativa de lo que podamos encontrarnos nada más salir de la boca de metro de cada una de las estaciones que conforman el medio de movilidad favorita entre los residentes y turistas por la ciudad.

El saber que parada se encuentra más cercana al Parque del Retiro (porque allí quedamos con un familiar para charlar, pero en el momento del viaje, ya en el subterráneo, no lo situamos en el plano) o qué podríamos encontrarnos de reconocimiento si bajáramos en la parada de “El Carmen”, por poner un par de ejemplos, podría aumentar y mejorar considerablemente el flujo de personas que usan el Servicio y lo hacen de manera satisfactoria, así como estimular su utilización por los turistas, principal sector de usuarios en fechas estivales.

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